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ARTÍCULO DE PORTADA: Las Fuerzas Armadas

No soy militar. Nunca he vestido un uniforme, no pertenezco a las Fuerzas Armadas ni tengo intereses, compromisos o aspiraciones dentro de sus filas. Soy...
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ARTÍCULO DE PORTADA: Las Fuerzas Armadas

No soy militar. Nunca he vestido un uniforme, no pertenezco a las Fuerzas Armadas ni tengo intereses, compromisos o aspiraciones dentro de sus filas.

EL AUTOR es periodista, magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.

Soy periodista, y precisamente desde esa condición, desde la independencia que debe caracterizar el ejercicio de esta profesión, me avergüenza profundamente contemplar tanta mezquindad, tanta bajeza y tanta miseria humana contra una institución que merece respeto.

Lo que se ha desatado contra las Fuerzas Armadas, el ministro de Defensa, el comandante general del Ejército y oficiales de alta graduación no puede confundirse con el legítimo ejercicio de la crítica.

Cuestionar es un derecho; fiscalizar es una obligación. Pero difamar, inventar, manipular y lanzar acusaciones sin pruebas constituye un ejercicio irresponsable de la vileza.

Lo verdaderamente deplorable es que parte de esta campaña, según se denuncia, encuentre combustible en las propias filas institucionales. ¿Qué puede ser más vergonzoso que utilizar información, relaciones y espacios conquistados bajo un uniforme para alimentar ataques contra la institución a la que se juró servir?.

Si existen irregularidades, se denuncien con pruebas y por los canales correspondientes. La verdad no necesita rumores ni operaciones encubiertas.

La ambición personal, el resentimiento, la frustración y las disputas de poder jamás pueden estar por encima del interés institucional. Ningún ego herido justifica dinamitar la credibilidad de una institución del Estado.

Y que nadie se equivoque: defender la institucionalidad no significa aplaudirlo todo, encubrir errores ni conceder impunidad. Significa exigir responsabilidad, pruebas y justicia, no linchamientos mediáticos ni campañas de descrédito.

El país atraviesa circunstancias que demandan instituciones firmes, mandos responsables y cohesión. Debilitar deliberadamente la confianza en las Fuerzas Armadas es una irresponsabilidad cuyas consecuencias trascienden los nombres que hoy son objeto de ataques.

No soy militar, pero tengo conciencia, memoria y sentido de República. Y me produce profunda pena ver cómo la mezquindad puede llegar tan lejos.

La crítica dignifica cuando se sustenta en la verdad; la difamación degrada a quien la práctica. ¡Basta de tanta bajeza!

quezada.alberto218@gmail.com