Por Dilando Sánchez
Azua, hoy limitada por San Juan de la Maguana, Barahona, Bahoruco, La Vega, San José de Ocoa y Peravia, en sus inicios tuvo una extensión que iba más allá de la frontera con el Haití actual.

Con el paso del tiempo los gobernantes de la nación fueron creando otros departamentos que redujeron significativamente su gran tamaño. A mitad de La Era de Trujillo se crearon otras provincias que le dieron a Azua los límites actuales. Con todo y sus mutilaciones, esta tierra ha sido escenario de grandes acontecimientos.
La mayor parte de las batallas relacionadas con la independencia nacional dominicana están estrechamente vinculadas con esa Azua que los gobernantes dominicanos y Trujillo fueron acorralando entre las 6 provincias que hoy nos hoy nos limitan.
Tanto valor histórico, independientemente de que se hayan publicado muchos libros sobre la historia del país y del sur, obliga el diseño de un organismo que compile más y más datos sobre Azua y amarre más y más cabos sueltos relacionados con nuestros héroes y heroínas anónimas. Con ese propósito ha surgido en Azua de Compostela.
La Peña de Historia y Literatura Tomás Alberto Oviedo Canó. Este órgano cuenta con una importante membresía de poetas, escritores, historiadores, gestores culturales y artistas de diferentes facetas. Dicha institución se conduce bajo la dirección de la distinguida empresaria, poeta Nancy Familia, quien, a su vez, es la propietaria del Mesón Suizo, restaurante y centro de importantes reuniones y grandes celebraciones. Cada integrante de la Peña pertenece a un equipo (interior) de investigación.
El sábado 12 de septiembre de 2026, el licenciado Luís -Chito- Naut nos invita a visitar la tumba del coronel Nicolás Mañón. Pronto se organizó un equipo compuesto por Don Chito, al periodista Ramón Minyety, la licenciada Lismarlin Féliz, y un servidor. Nuestro objetivo principal era cumplimentar una tarea de observación y redactar un texto explicativo que sirva para orientar y enriquecer aún más el patrimonio histórico de Azua. Naturalmente, las críticas que se hacen a continuación sólo tienen el interés de inspirar mejoras en torno a hermosa plaza construida en la cima de Resolí para honrar la memoria del coronel Nicolás Mañón.
Primeramente. Felicitamos a las autoridades del municipio cabecera de Azua, porque oidores de tantos reclamos, hicieron todo lo posible por llevar a cabo este gran pedimento. En los últimos años hemos visto que las autoridades azuanas han mostrado interés en rescatar algunos valores históricos de la provincia, entre ellos, monumentos, parques y ruinas arqueológicas.
Ahora bien, con los mismos ojos, que, desde la bella plaza, contemplamos la vastedad del valle de Azua, el crecimiento olímpico de la zona urbana y el imponente pico de El Cucurucho, también observamos que las viviendas han estado ahogando cada vez más la base y cima del cerro. Creemos que las calles que dan acceso a la plaza ya deberían tener aceras, contenes y asfalto. Y la ruta debería tener letreros que guíen al visitante. Observamos solares en estado baldío, hojarascas y falta de iluminación pública en el sector. Durante el recorrido, Don Chito Naut recordaba el antiguo camino que subía desde la calle FÉLIX JIMÉNEZ hasta la cima y fue motivo de conversación el hecho de las autoridades aún tienen tiempo de rescatarlo y acondicionarlo antes de que desaparezca por completo.
La plaza está bien construida, tiene belleza y utilidad, pero sus jardineras ameritan una atención especial. Observamos que se han sembrado decenas de árboles de uva de playa. En primer lugar, para 1844 allí abundaba la bayahonda, el cambrón, la guasábara, el cactus y algunas zarzas menores. La uva de playa no se deja educar, crece a su antojo, rompe aceras y paredes, ocupa mucho espacio y da poca sombra. Todavía están pequeñas y entendemos que el mejor momento de analizar el futuro del ornato de la plaza, es ahora.
Sin embargo, existe un árbol, extraordinario por su belleza, su impotencia y su simbología patriótica, que no fue tomado en cuenta: diez o doce palmeras reales o cacheos. Son endémicos y bien ubicados dan una vista impresionante. Aquí abrimos un paréntesis para recordar que en la base de la estatua levantada en la avenida Enriquillo, se diseñaron unas fuentes donde nadaron peces hermosos.
Pero al parecer las fuentes no tenían salida y las aguas se volvieron negras. Aquí, en la plaza Nicolás Mañón, es distinto. Aquí hay como desfogar el agua y bastante espacio para ese impresionante atractivo. Otro detalle es que algunos peces fueron robados en la plaza Enriquillo porque dicha plaza carecía de cuido y esta tiene celador. Con todo y esto no observamos una asta para bandera o al menos no recordamos haberla visto. Y una plaza de esa naturaleza no puede prescindir de la misma. Allí, para darle más carácter histórico al lugar, deben sembrarse algunos cactus y tunas, pero con ética ornamental.
Azua es tierra de héroes y heroínas. Soñamos que algún día se levantará una plaza y una estatua, en Las Yayitas, para honrar la memoria de Francisco Soñé. En algún lugar de Azua se honrará la memoria de Vicente Noble, Matías de Vargas, Feliciano Martínez, Fernando Taveras y otros. Porque Azua, siendo la indiscutible puerta de nuestra independencia nacional, debe ser ciudad de plazas. En ese mismo sentido felicitamos al artista que realizó la estatua de Nicolás Mañón.
No obstante, para seguir aportando, entendemos que, para una próxima ocasión, deben tomarse en cuenta algunas reglas elementales de este género. La escultura surgió como una necesidad de época. Hoy día nos auxiliamos de la fotografía, ayer del lienzo y antes de la escultura.
La escultura intentaba eternizar momentos precisos de los grandes personajes del pasado. Así nos encontramos con un Alejando a caballo, pero es bueno notar que el caballo de Alejandro sólo levanta una pata porque el guerrero no muere en batalla. Distinto es el caso de José Martí. Cuando el guerrero cae en combate, su caballo se esculpe sostenido en las patas traseras, el jinete inclinado hacia atrás y normalmente su arma en ristre. Aquiles luce angustiado, de rodillas, mirando su talón. En cambio, la estatua de Nicolás Mañón, luce fresca, firme, imponente, recio, pero fresca. Y aunque a algunos no le guste la frase, el coronel Mañón no dio órdenes y se fue a Sabana Buey a mecerse en una hamaca. Nicolás Mañón fue político, sí, y quizás trinitario porque había dos caminos: conservadores y liberales. El hecho de que el patriota contrastara determinado los absurdos del antipatriota Ramón Buenaventura Báez y Méndez, diputado al servicio de Boyer, indica que la posición política de Nicolás era noble y futurista.
Pero volviendo al escenario del 19 de marzo de 1844, fecha en que le tocó luchar, vencer, morir y pedir que lo sepulten en el mismo lugar donde cayó herido, es bueno citar que el adalid no murió como un oficial de oficina, sino como un espartano de El Caribe. Todo se desarrolló a la luz de un sol quemante. Nicolás Mañón galopaba, orientaba su tropa, disponía los cantones de retaguardia, suplía, corría, salvaba cañadas, voceaba, daba órdenes, recibía informantes, ganaba trechos y riscos. Durante las marchas y las correrías podían se ver todos en polvareda, sudados, sedientos, venciendo primero la agresividad del terreno, los accidentes geográficos y las espinas de tantas plantas xerófilas. Sus zapatos serían carne de las piedras, su uniforme acerico de cardos, sus manos pañolón de los hierros. Allí hubo fusilería, poca, pero la hubo. Allí hubo cañón.
Allí hubo pedradas y palos y allí, sonó impertérrita la orden ¡Carga al machete, carajo!!! No había espacio para cristales ni remilgos. Todo, absolutamente todo, era trajín y afán. No se trataba de esgrima de salón, se trataba de mutilaciones, gritos, órdenes, galopes, marchas forzadas, sangre, fuego y muerte. El coronel no cayó sobre un colchón de felpa, cayó sobre el polvo movido por la tropa. Su rostro y sus manos tintados con sangre enemiga. Las balas hicieron su uniforme y su cuerpo.
De aquí se desprende que su estatua debió honrar su momento cumbre. Una pierna en acento de ataque, un machete en vuelo, un rostro exhausto y una mirada bravía. Repetimos, la plaza y la estatua, ya levantadas en la cumbre de Resolí, representan un maravilloso aporte al patrimonio histórico de Azua.
Nicolás Mañón y sus mirmidones de Quisqueya, pertenecían al regimiento de Vicente Noble. Nicolás dejó hijos azuanos de donde surgieron nietos, bisnietos, tataranietos notables y etc.
Peña de Historia y Literatura Tomás Alberto Oviedo Canó.

