Por Carlos Mejía
“La muerte es señal de que hubo vida”: Mario Benedetti.
Bajo el manto de este cielo azul que nos ilumina día tras día, todos lo que habitamos esta tierra somos iguales. Y todos tenemos ese día marcado por el destino cuando la parca nos llega.

Pero no así, dejamos el luto del sentir nuestra partida hacia lo celestial, y hacemos que la tierra llore y el hombre entristezca por nuestra ausencia.
Más aún cuando un periodista de la estirpe de Robert Vargas Ramos, un hombre que soporto las celdas frías de la era del balaguerato, a quien no le pesaba el ruedo del pantalón para luchar por las causas sociales de los que menos tienen, un hombre que al fragor de las luchas justas siempre estuvo presente.

Aquel que cuando el «entren to coño’ «en los alrededores de la Liga Dominicana, visto por estos ojos, recibió disparos que le laceraron su cuerpo, porque el simple hecho de cubrir cualquier evento para la sociedad, en su periódico digital Ciudadoriental.com, era su pan de cada día.
Profesor de la fotografía, no se apeaba la cámara en evento alguno, formador de periodistas y fotoperiodistas que hoy le deben lo que hacen. Un hombre sin hambre en su estómago, pero con un corazón justo y sincero.
Que tu vuelo sea corto hacia la eternidad, donde habitan las almas nobles, que cargan el sufrir de los demás.
Hasta siempre Robert Vargas.
Carlos Mejía
Foto: Orlando Ramos.

