Por Univision
El gobierno de Donald Trump ha mantenido un año de enfrentamiento contra el régimen de Maduro, pero sobre todo contra los venezolanos que viven en Estados Unidos. La consecuencia: cientos de miles de personas con estatus migratorio que fueron ilegalizados y aterrados ante la posibilidad de una detención, han regresado al mismo país en crisis que abandonaron.
El foco de una gestión de gobierno en Estados Unidos contra una nacionalidad nunca había estado abierto en tantos frentes y contra tantas personas como en el caso de los venezolanos. Desde que Donald Trump asumió su segundo mandato, la escalada ha sido permanente: a inicios de año, sin evidencias sólidas catalogó a más de 250 venezolanos con tatuajes —o sin ellos— como miembros de la pandilla Tren de Aragua y los mandó a una cárcel en El Salvador; acabó protecciones para miles de miembros de esta comunidad vulnerable, restringió otras más; incluyó la nación en una lista de países de «alto riesgo» y dejó a cientos de venezolanos a la mitad de sus procesos de residencia permanente o ciudadanía.
En Venezuela, la embestida del gobierno de Trump sólo acrecentar la crisis que ya existía, justamente la que hizo que casi ocho millones de ciudadanos de ese país comenzaran una emigración histórica a partir de 2015: se vive mayor represión contra opositores del régimen o contra cualquiera sospechoso de serlo. El acceso a insumos básicos, medicinas, alimentos o a seguros de salud cada vez es más difícil por el alto costo de la vida en un país casi completamente dolarizado.
Aun así, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se refirió en un reporte en mayo a un aumento en el regreso de venezolanos a su país. Lo atribuían al cierre de la frontera estadounidense —y el fin del acceso al asilo, decidido por Trump— y a la reanudación de vuelos de deportación a Venezuela en 2025: 13,956 inmigrantes han sido devueltos este año a Caracas en aviones chárter, según datos del gobierno de Nicolás Maduro.
Pero aunque Trump endurece aún más su política migratoria general de deportaciones masivas y en particular contra venezolanos en EEUU, cifras de ACNUR muestran que el grueso de esa comunidad no emigró hacia Estados Unidos: de los casi ocho millones, casi siete millones se radicaron en países de América Latina y el Caribe. Algunas de estas naciones, como Colombia, han ido anunciando medidas para regularizar la situación migratoria de esa población.
Políticas de Migración (MPI) reflejan que para 2023 la población venezolana en Estados Unidos representaba menos de 2% (se calculaba que eran unas 770,000 personas) del total de casi 48 millones de inmigrantes en el país.
El MPI asegura que el regreso de la administración Trump en enero de 2025 «ha traído varios cambios profundos a la política de inmigración de Estados Unidos, y en específico para los venezolanos».
Uno a uno, mostramos cómo en menos de un año de gobierno, Trump ha endurecido sus políticas particularmente contra los inmigrantes venezolanos sin importar los años de residencia en el país ni su estatus:
Desde 2023, el nombre «Tren de Aragua» había estado en la mira de las autoridades de investigación policial e inmigración en Estados Unidos. Documentos de inteligencia de varias agencias federales obtenidos por Univision Noticias mostraron que desde ese año comenzaron a delinear la operación de esta banda criminal venezolana y sus delitos en Estados Unidos. Entre otras cosas, concluían que los tatuajes «posiblemente» identificaban a sus miembros, pero que no podían ser vistos como un elemento concluyente.
Para 2024, el asesinato en Georgia de la estudiante de enfermería Laken Riley a manos de un ciudadano de Venezuela continuó alimentando el discurso político republicano sobre la presencia de la megabanda en Estados Unidos. La campaña presidencial se adueñó de la falta cometida por un solo venezolano para justificar propuestas contra toda una comunidad: arreció así la criminalización de venezolanos que tuvieran tatuajes de coronas, relojes Rolex, rosas, estrellas de cinco puntas, entre otros.
Cuando Trump ganó y asumió su segunda Presidencia en 2025, no tardó en implementar acciones.
A mediados de febrero firmó una orden ejecutiva con la que catalogaba al Tren de Aragua como una organización terrorista. Un mes después, invocó la Ley de Enemigos Extranjeros para argumentar que la pandilla estaba invadiendo el país: a contrarreloj, en silencio y en contra de la decisión de un juez federal —que intentó frenarlas— expulsó a más de 200 venezolanos catalogados como miembros de esa organización criminal a El Salvador, a la cárcel de pandilleros creada por el presidente Nayib Bukele, el Cecot. Las expulsiones continuaron en una segunda oportunidad a finales de marzo y con escala en la Bahía de Guantánamo.
Video Tatuó a un venezolano deportado a El Salvador y cuestiona cómo EEUU lo vinculó con el Tren de Aragua
Abogados defensores de algunos de los venezolanos denunciaron que muchos de ellos tenían procesos migratorios pendientes, como asilos que fueron cerrados bajo pedido del propio gobierno. Alegaban que ni siquiera se les dio la oportunidad de desafiar las expulsiones y que habían sido enviados a la cárcel de pandilleros sin el debido proceso. Durante semanas, los familiares y abogados de los venezolanos no tuvieron información sobre el paradero de estos hombres; ni siquiera eran localizables en los buscadores de detenidos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Cinco días después de los traslados al Cecot, en medios se filtró una lista con los nombres de los venezolanos enviados a esa cárcel. Fue la primera vez que abogados y familiares tuvieron información de dónde estaban sus seres queridos. Sin embargo, nunca pudieron hablar con ellos. Las familias reconfirmaban que estaban ahí encerrados con los videos de políticos republicanos —entre ellos, de la propia Noem— que viajaban a El Salvador y grababan las visitas al Cecot.
En mayo, uno de ellos fue clave: el del excongresista y comentarista conservador Matt Gaettz, que visitó la prisión y promovió un video en el que se escuchaba a los venezolanos gritar «libertad» y pedir ayuda.

