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ARTÍCULO DE OPINIÓN: Las visitas de la embajadora EE. UU

El modelo de gestión de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos, no se expresa en discursos solemnes...
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El reino del  absurdo

La sociedad dominicana de este tiempo está siendo regida  por una serie de acontecimientos y situaciones sociales, económicas y políticas, que hacen entender de que ciertamente este mundo cambió! y de qué manera!

Definitivamente, todo está banalizado; los ciudadanos de este tiempo   muestran un  amor desmedido al  dinero, no importa de donde venga,  y un desprecio total a valores cristianos tan fundamentales como la solidaridad, el amor, honestidad  y la ética.

Aquí  los referentes sociales y políticos  dan vergüenza, son individuos sin formación académica, no tienen ideas definidas  sobre nada,  tampoco tienen comprensión sobre la realidad dominicana y  mucho menos  de la problemática  mundial.

Esos personajes andan por la vida y estos escenarios apoyados  sobre la acumulación primaria, la penetración en los medios de comunicación y las redes sociales, sin entender,  que el ciudadano del siglo XXI  obligatoriamente debe abrazarse al debate de las ideas y la formación académica.

Esta sociedad no puede seguir promoviendo antivalores mediante la exhibición y promoción de estas especies como si este fuera el camino correcto, el referente obligado, cuando cada vez más los desafíos y los problemas nacionales  son más y complejos.

Es doloroso decirlo, pero estamos asistiendo a la construcción de una generación de la nada, desprovista de sustancia intelectual y ética, estamos en presencia de una sociedad del espectáculo, como escribiera hace poco el escritor peruano y premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa.

Por más que se diga  y se quiera hacer entender que ese es el mundo de hoy, no es así,  hay que pararse en cuatro patas y repudiar con todas las fuerzas  esos comportamientos que a lo único que conducen  al reino del  absurdo  y el culto a la ineptitud.

Esta tierra de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, hay que reorientarla y dirigirla por el  verdadero y positivo  camino del  engrandecimiento material y espiritual, para cuando suene la sirena del colapso de la civilización occidental continuemos incólume hacia nuestro destino que es la prosperidad.