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“El Impacto del 27 de febrero y 16 de agosto en el Cambio Administrativo»

Por coronel C. B. Prof. Jorge Reyes

Aproximadamente, cada 27 de febrero y 16 de agosto, República Dominicana vive una transformación significativa en su tren gubernamental. Estas fechas, marcadas por cambios administrativos en la estructura estatal, no solo implican ajustes en las posiciones de poder, sino que también tienen un impacto profundo en el comportamiento psicosocial de los colaboradores públicos y la percepción de los ciudadanos.

EL AUTOR ES: Coronel C. B. Prof. Jorge Reyes
Especialista en Gestión de Riesgos y Cambio Climático. Reside en santo domingo.

Con cada cambio administrativo, muchos colaboradores públicos enfrentan una incertidumbre laboral que genera estrés y ansiedad. La posibilidad de ser reemplazados o reasignados a nuevas funciones crea un ambiente de inseguridad, afectando no solo su desempeño profesional, sino también su bienestar personal y familiar. Además, las dinámicas de poder entre nuevos y antiguos funcionarios pueden dar lugar a tensiones internas y resistencia al cambio.

Para la ciudadanía, estos cambios son percibidos como una prueba del compromiso gubernamental con la transparencia y la continuidad. Sin embargo, la frecuente rotación de funcionarios puede sembrar dudas sobre la estabilidad del sistema y su capacidad para ejecutar proyectos a largo plazo. Las expectativas de mejora se enfrentan, a menudo, con la frustración por la falta de resultados tangibles, lo que influye en la confianza colectiva en las instituciones.

El reglamento 522-06, este reglamento tiene como objetivo garantizar condiciones de trabajo seguras y saludables para los empleados, promoviendo la prevención de riesgos laborales y la protección del bienestar físico y mental de los trabajadores. Una dimensión que se ve directamente afectada durante los cambios administrativos en el tren gubernamental.

La rotación de funcionarios y la reorganización de estructuras laborales pueden generar nuevos riesgos, como la falta de adaptación a los entornos de trabajo, la presión psicológica derivada de la incertidumbre, y el incumplimiento temporal de protocolos establecidos.

Es imperativo que las instituciones públicas garanticen el cumplimiento de las normas de seguridad y salud ocupacional durante estas transiciones, promoviendo un ambiente de trabajo que minimice los riesgos y priorice el bienestar de los empleados.

El abordaje de los cambios administrativos debe estar en línea con los principios del Sistema de Seguridad y Salud en la Administración Pública (SISTAP), que está diseñado para garantizar condiciones laborales seguras y saludables, reduciendo riesgos y promoviendo el bienestar físico y mental de los trabajadores. El cual se basa en el Reglamento 522-05, que establece las normativas para la prevención de accidentes y enfermedades ocupacionales.

De esta manera, las instituciones no solo cumplen con la normativa, sino que también fortalecen la estabilidad emocional y física de sus colaboradores, contribuyendo a una transición más eficiente y humana.

Desde mi experiencia en el tema de la gestión de riesgos, los cambios administrativos presentan desafíos importantes, como la pérdida temporal de continuidad operativa, el riesgo de errores administrativos en la transición y la resistencia al cambio por parte del personal.

Identificar y mitigar estos riesgos es esencial para asegurar una gestión pública eficiente.

Para mitigar los efectos adversos de estas transiciones, propongo las siguientes acciones:

  1. Establecer Protocolos de Transición: Implementar procesos claros y transparentes para garantizar la continuidad de los proyectos gubernamentales.
  2. Capacitación y Apoyo al Personal: Brindar herramientas y recursos a los colaboradores para adaptarse a los cambios con mayor facilidad.
  3. Comunicación Abierta con la Ciudadanía: Informar de manera oportuna y precisa sobre los objetivos y beneficios de las nuevas designaciones administrativas.

Cada cambio representa una oportunidad para reflexionar y mejorar. En lugar de centrarnos únicamente en los retos, debemos trabajar hacia una cultura administrativa resiliente que priorice el bienestar colectivo y la eficiencia. Como sociedad, la clave está en aprender de los procesos pasados para construir un futuro más estable y prometedor.