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DE PORTADA: “Leo Leo”: cuando la música construye puentes que algunos quieren destruir

Por Edwin Paraison La colaboración musical entre el artista urbano haitiano Afriken y el dominicano Bulin 47 ha provocado una fuerte reacción en determinados sectores...
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DE PORTADA: “Leo Leo”: cuando la música construye puentes que algunos quieren destruir

Por Edwin Paraison

La colaboración musical entre el artista urbano haitiano Afriken y el dominicano Bulin 47 ha provocado una fuerte reacción en determinados sectores ultranacionalistas de la República Dominicana. Estos sostienen que no era el momento oportuno debido a los problemas existentes entre los dos países.

Obviamente, es solo una forma de buscar un pretexto. En el fondo, son personas que se sienten cómodas dentro del conflicto. Parecería que necesitan mantener permanentemente las tensiones, porque cualquier gesto de acercamiento entre haitianos y dominicanos pone en peligro el discurso de confrontación del cual se alimentan.

Evidentemente, este no es el tipo de música que escucho habitualmente. Lo que llamó mi atención fue la emoción, el cariño y la espontaneidad con que Afriken fue recibido desde la frontera hasta Santo Domingo. Niños, adultos e incluso militares dominicanos aparecen cantando: «Leo, Leo, Leo». Estas manifestaciones populares transmiten una realidad diferente de la que los sectores ya mencionados intentan imponer: entre ambos pueblos existen, más que cualquier otra cosa, simpatía, curiosidad, cercanía e intercambios culturales.

“Leo Leo”: cuando la música construye puentes que algunos quieren destruir

A pesar de las críticas y presiones recibidas, incluso de parte de potentes influencers, Bulin 47 decidió seguir adelante y lanzar el remix de “Leo Leo” junto con Afriken. Lo felicitamos por no ceder ante las críticas y las acusaciones de traición a la patria. Felizmente, quienes valoran y disfrutan esta iniciativa son mucho más numerosos que la minoría ruidosa que intenta desacreditarla.

Conviene señalar, además, que esta no es la primera colaboración musical entre haitianos y dominicanos. Nuestros dos países mantienen una larga historia de intercambios, influencias y colaboraciones que contradice la idea de que toda relación cultural con Haití representaría una amenaza para la identidad dominicana.

1974: Los Diplomáticos de Haití

En 1974 surgió, en el sector de San Carlos, en Santo Domingo, la agrupación Los Diplomáticos de Haití, integrada por músicos haitianos y algunos dominicanos.

El grupo alcanzó gran popularidad durante las décadas de 1970 y 1980 con un sonido asociado al konpa haitiano y al denominado “merengue konpa”. Sus canciones se escuchaban en las emisoras dominicanas y animaban bailes en algunos de los principales salones del país.

1975: Johnny Ventura y “Bobiné”

En 1975, Johnny Ventura incorporó “Bobiné”, una pieza vinculada musicalmente al konpa haitiano, a su extraordinario repertorio de merengue. El Caballo Mayor demostró así que era posible incorporar elementos de otros ritmos caribeños sin disminuir en absoluto la fuerza ni la identidad del merengue dominicano.

Los años ochenta: Wilfrido Vargas, Michel el Buenón y Félix Cumbé

En 1984, Wilfrido Vargas lanzó “El Jardinero”, una pieza construida a partir de elementos de la música haitiana y transformada mediante sus propios arreglos. La canción llegó a convertirse en un éxito internacional.

También resulta significativa la trayectoria de Michel Batista, de ascendencia haitiana, conocido como Michel el Buenón. Sus inicios musicales estuvieron vinculados a la reconocida agrupación haitiana Tabou Combo. Posteriormente, formó parte del Combo Show de Johnny Ventura entre 1982 y 1987, antes de continuar desarrollando una importante carrera artística.

En esa misma década comenzó a destacarse Félix Cumbé, artista nacido en Haití y posteriormente naturalizado dominicano. Cumbé desarrolló una de las carreras más extensas y queridas de un artista de origen haitiano en la República Dominicana, primero en el merengue y después en la bachata. Su último gran éxito fue “Fui fua”, que volvió a alcanzar popularidad en las redes sociales antes de su fallecimiento en 2025. Su hija, Katty Cumbé, procura dar continuidad a su legado artístico.

1982-1986: de DP Express a Bonny Cepeda

Otro ejemplo revelador es “Asesina”, popularizada por Bonny Cepeda en 1986. La canción es una adaptación de “Pran plezi nou”, grabada anteriormente por la agrupación haitiana DP Express en 1982.

Durante aquellos años, estas influencias se recibían con mayor naturalidad. La música circulaba, se adaptaba y encontraba nuevos públicos sin que cada intercambio artístico fuera presentado como una amenaza política o cultural.

Fue también una época en la que el locutor y productor Choby Capellán mantenía un programa radial dedicado a la música haitiana y antillana que disfrutó de una audiencia importante en la República Dominicana.

1992: Juan Luis Guerra y “Mal de amor”

Uno de los casos más notorios de influencia musical haitiana en una producción dominicana es “Mal de amor”, incluida por Juan Luis Guerra y 4.40 en el álbum Areíto, de 1992.

La composición está basada en “Rit Komèsyal”, del saxofonista y compositor haitiano Nemours Jean-Baptiste, creador del konpa dirèk. En los créditos de la obra figura Nemours Jean-Baptiste como autor de la composición original y Juan Luis Guerra como responsable de la letra adaptada.

Este ejemplo es particularmente importante porque demuestra que hasta una de las figuras más universales de la música dominicana ha reconocido y aprovechado creativamente los vínculos musicales existentes entre los dos países.

El aporte cultural de Frantz Dugué

También debe recordarse al productor de televisión haitiano-estadounidense Frantz Dugué, quien se estableció en la República Dominicana y desempeñó un papel significativo en el acercamiento artístico y cultural entre ambos pueblos.

Era una época en la que los pintores haitianos y sus obras de estilo naíf formaban parte de los atractivos culturales y turísticos del Malecón de Santo Domingo. Esa presencia se percibía como una expresión de la diversidad artística del Caribe y no como una amenaza contra la identidad nacional.

2013: Rumai y “Palito de Coco”

En 2013, precisamente cuando el país se encontraba inmerso en el intenso debate nacionalista generado por la Sentencia TC/0168/13 del Tribunal Constitucional, el haitiano Romain Dorléan, conocido como Rumai, alcanzó una extraordinaria popularidad con “Palito de Coco”.

Aquel humilde vendedor ambulante llamó la atención del presentador de noticias Roberto Cavada, quien lanzó un reto público para encontrarlo. Durante varios días, este tema concentró la atención de los televidentes. El resto es conocido: el público dominicano acogió espontáneamente la canción, demostrando nuevamente que las relaciones humanas y culturales suelen superar las barreras levantadas por los discursos políticos.

2021: nuevas colaboraciones y el movimiento Azueï

El 1 de octubre de 2021 se estrenó “Teteo”, una colaboración encabezada por el DJ haitiano Tony Mix y el artista dominicano Don Miguelo, con la participación de Team Madada y T-Babas.

En esos años también cobró mayor impulso Azueï, un movimiento cultural haitiano-dominicano que promueve la paz, la unidad y la cooperación mediante la combinación de tradiciones musicales de ambos países. En sus iniciativas han participado artistas como Roldán Mármol y Amín Domínguez, de la República Dominicana, así como Rebel Layonn y Sara Renelik, de Haití.

La artista haitiana Sarodj Bertin también ha realizado numerosas colaboraciones con exponentes dominicanos. Entre ellas se encuentran “No me dejes sola”, con Mozart La Para; “Una noche”, con Kiko el Crazy; “Only Fans”, con Chimbala; “Una amiga”, con Chimbala y Shelow Shaq, y varias producciones con Químico Ultra Mega.

2026: Afriken y Bulin 47

El remix de “Leo Leo”, interpretado por Afriken y Bulin 47, no constituye, por tanto, una ruptura ni un acontecimiento sin precedentes. Es un nuevo capítulo de una historia de intercambios culturales que lleva décadas desarrollándose.

La circulación cultural, además, siempre ha funcionado en ambas direcciones. Carrozas, comparsas y agrupaciones dominicanas participaron durante años en actividades carnavalescas haitianas, mientras artistas y orquestas de Haití actuaban en escenarios, emisoras y fiestas dominicanas.

En Haití también han existido programas radiales dedicados a difundir música dominicana. El intercambio no consiste únicamente en una supuesta influencia haitiana sobre la República Dominicana, sino en una relación cultural recíproca en la que ambos pueblos han aportado, aprendido y creado.

Desde esta perspectiva, la expresión “haitianización”, utilizada por algunos sectores como advertencia o amenaza cultural, puede esconder una visión temerosa y defensiva de la identidad dominicana, como si esta pudiera ser debilitada por cualquier contacto con la cultura haitiana.

Pero no es así. La cultura dominicana posee fuerza, raíces y una identidad suficientemente consolidada para dialogar con otras expresiones culturales sin desaparecer ni perder su esencia.

Al no existir otra explicación razonable para ese retroceso, la reacción contra colaboraciones como la de Afriken y Bulin 47 revela que ciertos discursos presentan la música haitiana como si tuviera la capacidad de debilitar la dominicana.

La música no borra fronteras políticas ni resuelve por sí sola las diferencias existentes entre los Estados. Pero sí puede abrir espacios de encuentro entre las personas, desmontar prejuicios y construir puentes allí donde otros prefieren levantar muros.

Por eso felicitamos a Afriken y a Bulin 47. Esperamos que surjan muchas más colaboraciones entre artistas haitianos y dominicanos. Nuestros pueblos necesitan más canciones compartidas, más encuentros y menos voces interesadas en mantenerlos enfrentados.