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ARTÍCULO DE PORTADA: Rep. Dominicana el país del “sálvese quien pueda”

En la República Dominicana ya no se habla de inflación: se habla de sobrevivencia. La comida sube, los productos básicos suben, todo sube… menos la voluntad de las autoridades para enfrentar el abuso.

El autor es periodista, magister en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.

Mientras el costo de la vida golpea como un martillo, Industria y Comercio y Pro-Consumidor parecen vivir en un país paralelo, donde todo está “controlado” y “estable”. La realidad es otra.

Aquí, la libra de pollo cambia de precio más rápido que un semáforo; el arroz, el aceite, las habichuelas y el huevo se han convertido en protagonistas de una tragedia diaria que sufre el dominicano común.

Lo que antes alcanzaba para una semana hoy apenas resuelve dos días. Y frente a ese descalabro, lo que reina es un silencio cómplice.

¿Dónde están los controles?

¿Dónde están las sanciones a los comerciantes que especulan sin pudor?

¿Dónde están las explicaciones serias, no los discursos de siempre cargados de tecnocracia hueca?

Pro-Consumidor aparece de vez en cuando con operativos que no intimidan ni al colmado más pequeño. Industria y Comercio se limita a dar cifras que nadie entiende y que no resuelven nada.

Mientras tanto, la población se siente abandonada, tirada a la suerte, obligada a inventar milagros diarios para que el salario no se evapore antes de llegar a casa.

Lo más indignante es que esta crisis de precios no es nueva. La gente lleva meses-años- denunciándola. Pero cada reclamo cae en un vacío institucional, en un eco que nadie recoge, como si la comida fuese un lujo opcional y no un derecho básico.

El país vive una peligrosa normalización del abuso: cuando el pueblo se queja, se le manda a “esperar”, cuando exige, se le dice que “no es tan grave”. Pero sí es grave.

Es grave que una familia tenga que decidir entre comer o pagar la luz; es grave que un trabajador no pueda cubrir la canasta básica; es grave que las autoridades actúen como espectadores en un fuego que ya está quemando a todos.

Hoy, la población no solo está cansada: está al borde de la desesperación. Y cuando un país siente que nadie lo defiende, lo único que queda es el “sálvese quien pueda”. Y ese, señores, es el fracaso más grande de cualquier gobierno.

quezada.alberto218@gmail.com