El 31 de mayo de 1961, en la mañana de ese día, por pura coincidencia con lo acontecido de índole nacional, que se había producido la noche anterior, 3O de mayo de ese año; debido a que me encontré en la clínica Internacional que estaba en la Avenida México del Distrito Nacional.
Ese día fui a probarme mis primeros lentes recetados. Estando yo en el consultorio del médico oftalmólogo doctor Ligowt haciéndome la prueba de rigor, se acercó a mí el médico ginecólogo Molina y me preguntó que sí yo estaba herido.
Me confundió con el héroe de la República Pedro Livio Cedeño quien en ese momento estaba todavía ingresado en calidad de paciente con heridas en la clínica.
El estudiante de medicina en ese entonces José Joaquín Puello Herrera, residente en la clínica y amigo mío entrañable desde Azua, quien era hijo del eminente abogado dominicano oriundo de San Juan, José Altagracia Puello ( don Teto) y la maestra sanjuanera, generosa de manos abiertas, doña Sarah Herrera, me tomó con sus manos y me llevó hasta su habitación de para médico y se llevó un cigarro a su boca (cosa que nunca había visto en él) y me dijo «Chito vete corriendo de aquí que ya somos libres».
En ese momento me enteré de la muerte de Trujillo. Saliendo yo apresuradamente de ese centro médico, los militares empezaron a rodearlo.

