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El dominicano oriundo de Azua que dejó huellas en la ciencia y con su humanidad un legado de amor

Por Lic. Carmen Cecilia Reyes Pérez

Sócrates Mañón, partió hace 9 días a los brazos del señor, nacido en la sencillez de un hogar humilde del pueblo de Azua, este médico dominicano que soñó con sanar cuerpos y almas se alzó como uno de los pioneros en la endocrinología, abriendo caminos donde primaba el silencio.

En aulas y congresos, su voz fue faro, su ciencia semilla que germinó en generaciones, dejando huellas importantes en la historia médica del país.

Más allá de sus títulos y honores, Mañón fue un ser humano extraordinario, dejando huellas importantes, de sonrisa eterna, carismático, de alma poética, alegre y en extremo solidario.

Padre que enseñó con ternura, esposo que amo’ con entrega, hermano y amigo sin igual, abuelo que regaló amor, historias y abrazos.

Su vida estuvo marcada por nuestra abuela materna Teolinda Reyes, cuyo amor inexplicable se convirtió en raíz y sostén, en inspiración que lo acompañó siempre como un canto secreto que lo impulsaba a ser más, de igual modo por su compañera de vida Hildita y sus hijos que hoy le sobreviven.

Hoy en su última misa por su partida, con todas las muestras de afectos y una parroquia a casa llena, su figura se levanta como un ejemplo a seguir, muestra inequívoca de que la grandeza no nace del privilegio, sino de la pasión, la disciplina y la bondad.

Un hombre que, desde la humildad se convirtió en símbolo de ciencia y humanidad, y cuya memoria seguirá iluminando el sendero de que la

Medicina es también un acto de amor.

Ve con dios hermano, te amaré por siempre.