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Crisis en Haití un millón de desplazados y el impacto de la temporada ciclónica 2025

Por profesor Jorge Reyes

La situación de los desplazados internos en Haití sigue siendo una de las crisis humanitarias más alarmantes de la región. Desde principios de 2024, el número de desplazados ha superado el millón, triplicando las cifras del año anterior. Este aumento se debe principalmente a la violencia de las pandillas, que ha obligado a miles de familias a abandonar sus hogares, dejando atrás sus pertenencias y enfrentando condiciones extremas de vulnerabilidad.

EL AUTOR ES: Coronel C. B. Prof. Jorge Reyes
Especialista en Gestión de Riesgos y Cambio Climático. Reside en santo domingo.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), fundado en 1950, tiene el mandato de salvaguardar los derechos humanos fundamentales de los refugiados y desplazados, proporcionando asistencia vital en situaciones de emergencia y promoviendo soluciones duraderas, como el reasentamiento seguro. En Haití, ACNUR trabaja en colaboración con otras organizaciones para garantizar que los desplazados internos tengan acceso a refugios, agua potable, atención médica y apoyo psicológico.

Esta semana la directora general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) Amy Pope, visitó Haití y afirmó en un comunicado que “Esta es una de las crisis más complejas y urgentes del mundo, con implicaciones para la estabilidad regional y global” y pidió apoyo humanitario con el que no solo se salven vidas, «sino que también fortalezcamos la resiliencia y la seguridad para ayudar a estabilizar a las comunidades y reducir las condiciones que provocan la migración forzada”. También, recordó este martes que no se trata solo de estadísticas, sino de «vidas atrapadas en una crisis constante», y reclamó el apoyo urgente de la comunidad internacional para tratar de evitar muertes y reducir la migración forzada.

Es fundamental destacar el impacto que podría tener para Haití la próxima temporada ciclónica2025, que comienza el 1 de junio y finaliza el 30 de noviembre, ya que se perfila como activa y potencialmente peligrosa para el Caribe. Según los pronósticos, se espera la formación de 17 tormentas con nombre, de las cuales nueve podrían convertirse en huracanes y al menos cuatro alcanzarían categorías mayores (3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson).

Igualmente, la reciente tragedia en la discoteca Jet Set, que dejó más de 200 fallecidos y ha conmocionado profundamente a la República Dominicana, pone de manifiesto la fragilidad de nuestras comunidades frente a desastres inesperados, ya sean naturales o humanos. Este doloroso evento resalta la importancia de fortalecer las medidas de seguridad y preparación en todos los niveles. De manera similar, la crisis de los desplazados internos en Haití, agravada por la violencia y la inminente temporada ciclónica, exige una respuesta coordinada y solidaria. Ambas situaciones nos recuerdan que la prevención, la resiliencia y la acción conjunta son esenciales para proteger vidas y mitigar el impacto de las tragedias.

Haití, con su infraestructura limitada y comunidades ya sobrecargadas, enfrenta un riesgo significativo de inundaciones y deslizamientos de tierra. La alcaldía de Puerto Príncipe ha iniciado proyectos para limpiar los canales de drenaje y mejorar el flujo de aguas pluviales, pero estos esfuerzos son insuficientes frente a la magnitud del desafío.

La combinación de desplazamiento interno y vulnerabilidad climática crea un escenario crítico que requiere una respuesta coordinada y efectiva. Es imperativo que la comunidad internacional intensifique su apoyo, no solo para atender las necesidades inmediatas de los desplazados, sino también para fortalecer la resiliencia de las comunidades ante desastres naturales.

La crisis de los desplazados internos en Haití no solo es una tragedia humanitaria, sino también un desafío ético y climático. La próxima temporada ciclónica podría agravar aún más la situación, poniendo en peligro la vida de miles de personas. Es esencial que los esfuerzos de ACNUR y otras organizaciones sean respaldados por un compromiso global para salvar vidas, proteger comunidades y abordar las causas profundas del desplazamiento forzado.