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Absoluto control de las autoridades en el poblado turístico de Boca Chica desierto

Por  Ciudadoriental.com

Boca Chica:- Tan pronto nos estacionamos a orillas de la playa de aquí, llegaron cuatro agentes motorizados para advertirnos de que no estaba permitido bañarse ni formar grupos.

Cinthia ni yo no andábamos en plan de playa, sino de recolectar datos para mostrarles a los lectores de Ciudad Oriental cuál es la realidad de ese balneario.

Dígame Usted, nosotros  con pantalones vaqueros, camisetas con letreros enormes que dicen “Prensa”, gorras que también dicen “Prensa”; con cubre bocas, máscaras antisaliva, guantes y zapatos tenis y, finalmente, cada uno con una cámara de vídeo en las manos y un trípode.

Ante tantas evidencias de que no éramos “bañistas”, a los policías solo les quedó decir:

-“¡Ah! Ustedes son de la prensa. No hay problema”.

Aun así, no se marcharon y se quedaron allí “como quien no quiere la cosa”. Vigilantes.

Quizás ese celo explica por qué la extensa playa de Boca Chica estaba desierta.

No es porque la gente no quisiera violar el decreto presidencial que ordena el distanciamiento social para contener el mortal coronavirus, sino por temor a ser arrestados.

Recorrimos buena parte de la playa y solo vimos a un hombre en el agua.  Parece que era una de esas personas pintoresca que hay en cada barrio.

No recuerdo cuando fue la última vez que vi tan limpia esa playa.

Eso sí, nunca la había visto sin público, menos en domingo de Resurrección.

Esto revela que el control en la playa por las autoridades es total.

Luego de hacer los vídeos, decidimos recorrer el barrio turístico. Todos los establecimientos estaban cerrados. Muy escasas personas en la calle. Aquello parece una ciudad fantasma.

Es posible que a esa realidad ayuden la permanente vigilancia policial y el hecho de que hace poco se supo que un periodista local fue contagiado por el mortal coronavirus.

El dilema: morir por el coronavirus, de hambre o que los mate la policía.

Es cierto que la Policía mantiene a rayas a los bañistas y hace cumplir el cierre de los establecimientos comerciales, pero esto revela una realidad: todas las personas que viven del negocio del turismo local afrontan grandes necesidades.

Son parte de esa multitud de ciudadanos dominicanos que salen cada día a trabajar para obtener dinero con el que comprar los alimentos de ese mismo día.

Ahora, todo su modo de vida al que están acostumbrados, ha desaparecido de la noche a la mañana.

Los turistas extranjeros y locales ya no son aceptados en la playa; los comercios no pueden vender. De repente, todo se derrumbó.

Y este es el punto: todos necesitan comer y reclaman que el gobierno les preste atención incluyéndolos en sus planes sociales para recibir una ayuda económica mensual o que les lleven alimentos crudos, pero que hagan algo.

Uno de esos trabajadores informales le dijo a Ciudad Oriental que prefiere que lo mate la policía o el coronavirus, pero que no está dispuesto a permitir que su mujer y sus hijos le lloren porque tienen hambre.

Otro advirtió que hasta ahora ellos han respetado el decreto presidencial que dispone el distanciamiento social pero, en caso de no ser atendidos, las cosas podrían salirse de control.Se trata de un drama que viven miles de familias en Boca Chica que viven de la playa y del turismo y todo esto se ha ido a pique.

Los comerciantes del lugar le ruegan al gobierno que les presten atención antes de que se produzcan reacciones que podrían no ser las más agradables.