Inicio Opinión Olor a Tierra, un texto con color y sabor a nuestras raíces

Olor a Tierra, un texto con color y sabor a nuestras raíces

63
0
Compartir
Olor a Tierra, un texto con color y sabor a nuestras raíces

Olor a Tierra, es un libro cuya lectura una vez concluida, el mismo como que deja un extraño sabor en nuestra psiquis. Como una especie de conexión con cada una de las tramas que allí se nos narran.

Rafael Santos
El autor es periodistas. Reside en Salcedo

Francisco Ortega Polanco, oriundo de una de las lomas de Salcedo, Los Caños Adentro, en donde para llegar a su casa paterna había que tener muy buenas piernas. Claro está, luego de haber dejado la mula donde Pachén                                            , singular personaje que al igual que otros que aparecerán en algunos de los cuentos, se han constituido con el paso del tiempo, en “caciques” y legendarias figuras que por demás, es justo decir, aparecen en uno que otros de los textos que conforman el bloque de ficciones del presente libro.

Fueron sus padres Francisco Ortega (Tocón), hombre de una recia personalidad pero de un corazón que igual al de su esposa, la señora Ramona Polanco (Doña Chana), eran dos seres extraordinarios.

Sobrecargado de una emotividad campesina que retrata de cuerpo entero la vida del autor en esos románticos y empinados caminos de aquellos años, logramos descubrir a través del cuento Éxodo, que este compendio, más que una simple obra de ficción, es algo así como un desahogo emocional que de manera justiciera y artística, el autor y con un lenguaje muy llano nos logra conectar con su pasado.

“Mamá baja primero, Macahierro (nota mía, su nombre de pila es Jesús María Ortega) la ayuda después de abrir la puerta. Entramos sin mirar hacia los lados, el vecindario nos consume con su multitud de ojos”.

El tema de la sangre, la nostalgia, costumbres y las diversas tradiciones de nuestras culturas, así como las creencias de cortes espiritualistas que se entretejen en algunos de los textos, son elementos esencialísimo para poder si se quiere, tomar el libro y desde el centro mismo de cada uno de los cuentos allí publicados, conocer un poco más de lo que son nuestras raíces folclóricas.

El libro se inaugura con Amnistía, el cual más que una simple narración es una de esas desgarradoras historia en donde vemos la misma imagen de una época que como la trujillista, aparecerá como fantasmas en otros de igual o mayor valor dentro del compendio.

Allí observamos la azarosa existencia de un personaje que bien puede ser cualquiera de aquellos, que de manera inmisericorde se hicieron cómplices y activos de segunda o tercera línea, para cometer las más atroces barbaridades y cuyo remordimiento jamás llego al personaje narrador, seguido por el problema que nos cuenta sobre Carlota y las clásicas contrariedades que surgen cuando no hay un cuidado armónico en la pareja.

El doctor Francisco Ortega Polanco, autor del libro Olor a Tierra

Con Ajuste de Cuentas ,observamos al igual que en otros de los relatos, lo que es la más fiel fotografía de una descomposición social que nos arrastra sin misericordia hasta un tipo de existencia carcomida por la desesperanza, para luego, y a través de la Máquina del Tiempo, sustentar aún más ese tibio contexto trasmitido por un infante cuya narración nos lleva de pronto a ese espacio de tiempo en donde se conjuga la realidad de un mundo llamado Cibao y la otra mágico-fantástica que el personaje narrador nos inculca a través de un primer plano que nos habla de nuestras costumbres y raíces de tierra muy adentro.

Al leer dicho cuento, nos encontramos con aquellos ya añejados y populares programas como  “Cosas Típicas de Mi Tierra, con Celedonio y Su Cuadro de Comedia”, para luego caer de pronto hasta donde Mulo Fiera, en donde el machismo, parte muy intrínseca de los campos de aquellos días era el mejor de los sellos que tenía el hombre, y la mujer su decoro moral ante una sociedad que a pesar de restringida llevaba muy en alto estas cuestiones.

Con Juego de Poder, el lector se cree que por el título se encontrará con un texto político y no es así, aquí entra en juego la espiritualidad, otra de las facetas de nuestras raíces culturales, para después vernos de pronto con una envolvente trama a través de las insignias y las botas militares, en donde el autor, fino conocedor de este y los demás temas que se tratan en el libro, nos envuelve dentro de una confabulación que si no es por una segunda lectura que los menos letrados tenemos que darle, este (el autor), termina jugando con nuestra inteligencia para hacernos propenso de una Telaraña.

Una Mujer Sobre el Piano, nos lleva de manera directa a la complicidad de una Cuestión de Lógica, en donde aparecen unos personajes que tanto el autor como quien escribe el presente análisis los conocieron y que a lo mejor traído como en otros textos hasta la ficción, vemos como Miguel Ramos, quien ese lunes, próximo a la 5 de la tarde de ese 14 de abril de 1981, mata luego de una discusión en uno los de los lugares propicios para la bebentinas y las jergas bullangueras, al señor Francisco Antonio Díaz, mejor conocido como “El Tiguere Fidelio” y que en Olor a Tierra se le llama  el “Tigre 55”.

Ya los demás textos, tales como Circulo de Sangre, La Marchante de Arte, Época, Solimán, y Olor a Tierra, este último con una argumentación más propicia para una novela que para un cuento, debido esto a la fuerte argumentación, nos dan claras señales de que estamos ante un libro magistral, acabado, y con una sobre carga emocional que nos transporta a un pasado que tal y como dijera ese gran escritor salcedense, Pedro Camilo, tiene olor a menta.