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¿Cuál es el delito de Vogue?

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Tony Pina: El Autor es periodista. Reside en Santo Domingo

Por Tony Pina

Carmen Dánae, fotoperiodista y mujer vinculada al conservacionismo y la diversidad, ha recibido los más implacables ataques desde que apareció publicada en la revista británica Vogue una foto suya sobre el estado de abandono en que se encuentra la desembocadura del río Yuna en el Atlántico.

¿Qué clase de país es que somos con la epidermis tan a flor de piel que reaccionamos «heridos» al más mínimo asomo de cuestionamiento?

Reaccionamos rabiosos cuando nos enrostran la verdad. Siempre hemos sido así. Nos creemos impolutos.

¿O no es verdad que la foto es real y revela la indiferencia de una entelequia llamada Ministerio de Medio Ambiente en la preservación de nuestros ríos y demás recursos naturales?

El periodismo es denuncia, el periodismo no es para ocultar nada, menos dejadez de las autoridades.

El fotoperiodismo es el mejor aliado del periodismo corrsponsable porque documenta la denuncia.

A raíz de la publicación de la foto en la portada de la indicada revista ha salido a la arena de la confrontación el pica pleitos sabelotodo, vive bien y ex pide pesetas peledeísta después de pasar tanta hambre en el sector de Herrera a finales de la década del 80, aduciendo una serie de «conceptos» sobre periodismo éste «egresado» del periodismo.

¿Quién le dijo a Francisco Javier que el periodismo debe consultar con su ministerio la publicación de un artículo o una foto sobre el turismo dominicano?

Cuál ha sido el pecado de Carmen Dánae al enviar la foto a la revista Vogue o el delito de los ejecutivos de ésta al publicarla?

Si Turismo y Medio se han sentido tan ofendidos, por qué no se dedican a ser organismos funcionales manteniendo agradables a la vista nuestros litorales marinos y las riberas de nuestros ríos.

Y, repito, periodismo es denuncia, y jamás “tragacheques” de nóminas públicas. El deber del periodismo es su estandarte con la verdad.

Pero duele más cuando entre los críticos de esta publicación hay periodistas. Caramba, qué lástima!