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Inmadurez democrática

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EL AUTOR es periodista, magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.

El nivel de inmadurez  democrática  del pueblo dominicano cada vez más se pone de manifiesto al momento de presentarse una competencia electoral, ya sea esta  municipal, congresual o  presidencial.

Es increíble que algo que debería ser un asunto  normal en nuestro sistema  democrático, como la celebración de unas  elecciones municipales, se convierta  en un sobresalto generador de tensiones interminables.

De verdad, que no me cabe en la cabeza la idea, que un pueblo como el nuestro, con más de medio siglo de vida democrática este dando demostraciones de inmadurez  que a todos nos avergüenza.

Como es posible entender  que a estas alturas algunos actores  políticos  se estén prestando al peligroso jueguito de desafiar y cuestionar  la mayoría de las decisiones que emanan de la Junta Central Electoral (JCE).

De igual manera, a quien se le puede ocurrir mantener una posición de ganador de la mayoría de las plazas electorales a nivel nacional, cuando todo el mundo sabe que las  posibilidades de obtenerlas son mínimas.

Como es también constituye  una inmadurez imperdonable,  que todos los partidos mayoritarios con buen posicionado en la preferencia del electorado, estén vendiendo a su militancia y seguidores que ya son seguros ganadores. Eso es una locura.

Y  que no me vengan con la vagabundería de que eso es normal, que eso es válido como estrategia en la lucha política  por la búsqueda del poder, porque hace rato que en este tramo del siglo XXI, en occidente, el poder político  se busca y se obtiene mediante el empleo de la razón no de la emoción.

De manera que esos jueguitos e infantilismos políticos y electorales deben detenerse, la población electoral no debe estar expuesta a este tipo de sensaciones y estímulos que a lo único que conducen es al desorden y el caos.

Es tiempo de madurar, ha llegado el momento de preservar y fortalecer nuestro sistema democrático, imperfecto y como usted quiera, pero es el que tenemos que cuidar a sangre y fuego.