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Espacio de Comunicación Insular: 14 años releyendo y reescribiendo nuestras relaciones haitiano-dominicanas

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Wooldy Edson Louidor El autor es Profesor e investigador en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá

Por  Wooldy Edson Louidor

Iniciativas como Espacio de Comunicación Insular que tienen esta característica binacional, alternativa y holística – cubriendo al mismo tiempo la labor periodística, la formación, la investigación y la defensa de los derechos fundamentales, en particular, el derecho a comunicar-, seguramente no hay muchas de estas en nuestra isla que compartimos entre Haití y República Dominicana.

De allí la importancia de seguir conmemorando de manera también reflexiva el decimocuarto aniversario (16 de agosto de 2005-16 de agosto de 2019) de este esfuerzo conjunto de dominicanos, haitianos y otros colaboradores de todo el mundo por pluralizar, diversificar y heterogeneizar el campo periodístico-comunicacional de nuestros dos países generando rupturas, fracturas y aberturas en el casi total oligopolio de la industria de los medios de comunicación en la isla.

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Empecemos con la misma palabra “compartir” porque es una clave importante de la misión de Espacio de Comunicación Insular. Este surgió, hace ya 14 años, del deseo de crear un espacio común para compartir. Literalmente, pero también en un sentido profundo: entendiendo que cohabitamos los dos pueblos en una isla. Es decir, que somos vecinos.

Y aún más: que, con los terremotos, las inundaciones, los ciclones y también con la belleza de la fauna, las montañas y las playas, la riqueza de sus recursos y la degradación ambiental (más marcada en Haití que en República Dominicana), la misma naturaleza insular nos ha estado invitando a relacionarnos. A estrechar lazos. A caminar hombro con hombro.

Espacio de Comunicación Insular: 14 años releyendo y reescribiendo nuestras relaciones haitiano-dominicanas

Que el mar, el bello mar del Caribe, el hermoso archipiélago de las Antillas, no nos ha dejado de susurrar –con la suavidad de sus brisas, el cantar silencioso de sus ardientes crepúsculos y amaneceres y con el fragor a veces violento de sus olas- que lo mejor para ambos pueblos es respetarnos, tolerarnos y, sobre todo, acercarnos uno al otro, intercambiar, enriquecernos mutuamente. Como seres humanos. Como amigos y no como enemigos. Hermanándonos y no hostilizándonos. La hospitalidad y no la guerra. La cooperación y no la competencia desleal.  El engrandecimiento mutuo y no la humillación del otro.

Para todo ello, se requiere pues de un espacio para tendernos la mano, puentearnos y, así, poder hablarnos, leernos, escucharnos, entendernos, aprender uno del otro, enseñar uno al otro, defender uno al otro, habitar uno con el otro, negociar uno con el otro. Es decir: un espacio de comunicación para reconocernos en lo común que tenemos y somos en términos de historia, geografía, ecología. Para actuar en común, en el sentido etimológico de comun-icación, porque vivimos bajo un mismo cielo, sobre una misma tierra, sobre las mismas fallas tectónicas, rodeados por el mismo mar y amenazados por el mismo peligro marítimo, telúrico y hidrometeorológico (por ejemplo, la temporada ciclónica).

Aquí el nombre coincide con la misión: construir un espacio de comunicación insular. La idea ha sido siempre la siguiente: impulsar un espacio haitiano-dominicano (binacional, insular, común, conjunto) para compartir ideas, luchas, sueños, resistencias, esperanzas, utopías, imágenes, escrituras, proyectos, historias, capacidades, que puedan atravesar la isla de lado a lado como unas semillas, capaces de generar nuevas relaciones entre ambos países.

Espacio de Comunicación Insular ha sido un actor clave que ha reunido, en torno a varias loables iniciativas, a periodistas haitianos y dominicanos: tanto las y los que han marcado el paisaje periodístico de la isla y cuyos nombres sintetizan las grandes batallas periodísticas y políticas de nuestros dos países (contra la terrible dupla Rafael Leónidas Trujillo- Joaquín Balaguer y la feroz dictadura de los Duvalier Papa doc y Baby doc- y los golpistas militares) como las y los jóvenes que están tomando el relevo.

Es decir: reunir a los periodistas de aquí y allá y a las generaciones de ayer, hoy y mañana, así como las narrativas de lado y lado sobre nuestra geografía, historia, ecología y futuro común. Articulando, más allá de la diferencia de lenguas nacionales -francés y creole en Haití y español en República Dominicana-, el lenguaje común y universal de la amistad, la cooperación y la fraternidad. El lenguaje de la música, de la compasión, de la danza y del arte.

Dar voz a un archipiélago de voces

Espacio de Comunicación Insular da también voz a un archipiélago de voces. Estas voces plurales que -a manera de un contrapunto con las maniatadas historias “oficiales”-  cuentan las múltiples historias de los de abajo (barrios, bateyes, el campo, cárceles, etc.) y deletrean los tejidos cotidianos de las miserias y también las esperanzas de nuestra gente.

La idea ha sido siempre la de mostrar que en nuestros dos países no sólo existe –por desgracia- el miedo e incluso la paranoia en las relaciones haitiano-dominicanas: algunas personas se han dedicado a promover el odio, planteando la supuesta eventualidad de una reunificación de la isla por parte de ciertas potencias externas o de una revancha histórica por parte de los dominicanos.

Incluso en algunos espacios -no sólo de los nacionalistas dominicanos, sino también otros espacios políticos, electorales, etc., de la República Dominicana- se promueve esta locura, según la cual Estados Unidos y otros países del Primer Mundo estarían tramando o conspirando para convertir los dos países en uno solo; así como la histeria promovida a menudo en Haití, según la cual los dominicanos –con la ayuda de Estados Unidos- estarían planeando invadir Haití para vengarse de la ocupación haitiana del país vecino que protagonizó Boyer de 1822 a 1844.

Ambas narrativas nacionalistas buscan esconder y maquillar los verdaderos problemas de nuestros dos países, desviando la atención hacia un chivo expiatorio: el vecino. Son maniobras que son fabricadas y/o utilizadas –sobre todo, pero no exclusivamente- por políticos de mala fe. Desgraciadamente, los imaginarios nacionalistas sobre las relaciones binacionales son poderosos y encuentran una audiencia a veces muy entusiasta, ya que vehiculan ideas simples, fáciles de captar, basadas en emociones básicas e inscriptas en el “sentido común”.

Sobre todo, cuando surge alguna dificultad entre los dos gobiernos y en la frontera común, se reactivan estos imaginarios perversos para corroer las relaciones que se han construido entre ambos pueblos. Para ello, el nacionalismo o-mejor dicho- los nacionalismos tienen en sus filas a políticos, periodistas, académicos, escritores: es un hueso duro de roer en los dos países, e incluso en algunas narrativas y prácticas de la “ciencia”, la literatura, el derecho y la política que se hacen en nuestra isla.

Desde una manera propia de contar nuestra historia común

Frente a estas voces ruidosas y tétricas, Espacio de Comunicación Insular ha tomado esta posición: buscar cambiar la manera de contar nuestra historia común a través de otras voces. Una manera insular trenzada por periodistas, analistas y escritores- oriundos de los dos países- y tejida por enfoques propios del periodismo, de las nuevas tecnologías de comunicación e información, de las ciencias sociales, de la literatura, de la medicina y otros campos del saber. Una manera transversal, multidisciplinar, multilateral.

Espacio de Comunicación Insular es un arco iris que se aleja de la luz monocromática de la insensatez ideológica (proveniente de todos los espectros), de los macabros tonos de color impuestos por los poderes fácticos y del incoloro sentido común, ya plagado de prejuicios.

He allí algunos sellos de nuestra manera propia de contar nuestra historia común como Espacio de Comunicación Insular:

Integrar siempre los dos lados, los dos países y las dos perspectivas que resultan de allí, ubicándolas siempre en el contexto de nuestro Caribe, nuestro continente y nuestro mundo.

Hacer una polifonía de las diferentes voces de la isla, incluyendo las voces subalternas, las de abajo, las de la gente común y corriente.

Abrir de manera simétrica y horizontal un espacio de comunicación a todos aquellos que están excluidos de los principales medios de comunicación aquí y allá.

Dignificar el lenguaje para poder dignificar al migrante, al otro, al diferente, al que tiene menos recursos económicos: estas personas, a quienes nombramos y sobre quienes informamos.

Amplificar el espectro de temas, por ejemplo, relacionando la migración no sólo con frontera, seguridad o comercio sino con cultura, medioambiente, derechos humanos, ecología.

Hacer comunicación no sólo por medio de la elaboración y publicación de noticias, artículos de prensa y reportajes (bien cincelados), sino también formando a cada vez más comunicadores y periodistas con sentido social, profesional y ético, haciendo investigaciones periodísticas de punta y sobre la realidad actual, creando redes binacionales y caribeñas.

Sobre todo, defender el derecho a comunicar en un contexto insular, caribeño y mundial, en que peligra el periodismo independiente por culpa de poderes políticos y económicos hegemónicos: los dueños de Haití y de la República Dominicana. Los dueños de la isla.

Releyendo nuestra historia común

Se sobreentiende que este estilo de hacer comunicación no ha tenido buena acogida ni aquí ni allá, donde el periodista es considerado a veces “un profesional serio” que trabaja en un “medio serio”, ejerciendo una profesión “privilegiada”, devengando un “salario”, participando en o realizando “viajes” (junto con personajes importantes o invitados por instituciones importantes) y “haciendo alardes” de sus éxitos, relaciones y farándulas.

En esta carrera farandulera se malentiende a menudo el sentido de los vocablos “alternativo”, “comunitario”, “social”, que medios -como Espacio de Comunicación Insular- usan para diferenciar estas otras maneras y maneras otras de hacer comunicación o periodismo. Se suele estigmatizar a esos medios, haciendo de ellos cada vez más objeto de burla, crítica e incluso de ataques frontales y subliminales. Estos medios, que entienden y practican el periodismo y la comunicación con el estilo arriba esbozado, son cada vez más considerados “idealistas”, “soñadores”, “utópicos”, “locos”, gente que “no tiene los pies en la tierra”, “comunistas trasnochados”, “nostálgicos setenteros u ochenteros”. En fin…

Con todo y todo, ya son 14 años, desde que Espacio de Comunicación Insular viene produciendo información de calidad, haciendo formación, investigando, defendiendo el derecho a comunicar. Dando voz a los “condenados” de la isla. Abriendo un espacio analítico sobre un gran plexo de temas y enfoques. Releyendo la verdadera historia común entre nuestros dos pueblos –lejos de los nacionalismos-. Convocando a deconstruir versiones falsas y manipuladas de nuestra historia común y a “desencriptarlas” en los lugares más afincados: en nuestras mentalidades, estructuras gubernamentales y estatales, libros escolares, narrativas cotidianas de tantos medios de comunicación y recientemente de las redes sociales.

Por todo ello, Espacio de Comunicación Insular es un referente periodístico y comunicacional para los temas binacionales en la isla.

Estamos haciendo historia, justamente al releer y reescribir nuestra historia común -en un contexto binacional muy difícil y a veces hostil-, pero con energías renovadas cotidianamente por el amor, la entrega y el deseo de todo un equipo binacional e internacional que quiere contribuir a tejer unas relaciones haitiano-dominicanas basadas en la amistad, la fraternidad, la cooperación, el respeto mutuo, la justicia, los derechos humanos.

¡Una relaciones binacionales basadas en estos valores humanos y éticos que nos siguen orientando a los soñadores que ejercemos el periodismo, la comunicación, las ciencias sociales, la literatura, la investigación y que pensamos y vivimos, a contracorriente de la búsqueda desenfrenada del éxito, de la fama, del dinero y, sobre todo, en contra de cierta actitud muy común pero completamente equivocada que consiste en querer adaptarse a una sociedad, una isla, un Caribe, una América Latina, un mundo y un planeta profundamente enfermos, malheridos y necesitados de la urgente cirugía y paciente cuidado de todos sus hijos e hijas!

¡Feliz aniversario, Espacio de Comunicación Insular!