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Ojalá

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EL AUTOR es periodista, magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.

Ya en el umbral de la celebración de un nuevo proceso electoral que se hará efectivo el próximo 20 de mayo del año 2020,  hay que albergar la esperanza de que en algo deba cambiar para bien  la cultura política criolla.

Hago el planteamiento  partiendo del hecho de que en este proceso electoral que se avecina son muchas las regulaciones, leyes, disposiciones y reglamentos,  que entraran a normar el comportamiento de los partidos y su liderazgo.

Claro, este cambio al que me refiero y que espero se concretice, no puedo esperar que sea de grandes dimensiones dado el hecho de que los lastres, vicios y distorsiones que afectan la democracia dominicana son estructurales no coyunturales.

Ahora bien, de las cosas a que aspiro a que desaparezcan a partir de esta novedosa experiencia que viviremos en los próximos meses,  es la  maldición del clientelismo político  en todas sus dimensiones.

Esta nefasta conducta  arraigada en nuestra cultura política dominicana desde el siglo XX, debe ser extirpada de las mentalidades y accionar político del liderazgo nacional.

La actual generación de políticos y dirigentes que le ha tocado el privilegio de conducir este proceso histórico que vive el país debe aprovecharlo con determinación para  desterrar este cáncer o  definitivamente perderemos la democracia.

Es necesario, asimismo, que los ciudadanos y ciudadanas conscientes hagan conciencia crítica sobre el tema, y se organicen en torno a un plan que saque de una vez y por toda esa desgracia que mantiene en déficits creciente la democracia dominicana.

Hay que sacar de nuestra cultura política este fenómeno clientelar que solo fabrica liderazgo político chatarra, oportunista, mediocre,  perverso, impidiendo el surgimiento de nuevos y verdaderos líderes progresistas.

La sociedad actual está reclamando un nuevo liderazgo, que en vez de comprar conciencia con dinero y prebendas, ponga a circular ideas, planes y  proyectos  que visualicen y consoliden el progreso de la República Dominicana. Un liderazgo que escuche a la gente, que  ponga el oído en el corazón del pueblo para que se consolide la calidad de la democracia.