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Artículo de portada: La extorsión como mercancía periodística

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EL AUTOR es periodista, magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.

La práctica de la extorsión y el  chantaje como mercancía en el periodismo se ha venido intronizando  de tal manera en el  tejido social dominicano que ya parece ser  parte de nuestra cultura.

Su penetración en  el comportamiento  de una parte importante de los actores periodísticos  ha llegado  tan lejos  que ya para muchos de ellos este modelo de actuación debe  verse como algo ordinaria en  el mundo del periodismo.

Es doloroso decirlo, pero en  conversaciones públicas y privadas de importantes personajes de la comunicación social  estas expresiones nocivas son vistas como algo normal, como el nuevo modelo de conducta en el nuevo comunicador  del  Siglo XXI.

Este tipo de conducta se hace más notoria en el ámbito  del ejercicio de la comunicación social y el derecho en donde una nueva generación de  comunicadores  y abogados han tomado eso como modo de vida.

Ya para nadie es un secreto que existen grupos de comunicadores y firmas de abogados que trabajan articuladas para esos fines, elaboran matriz, planes de acción, dirigidos a extorsionar y chantajear políticos, empresarios, curas y otras figuras y sectores de la alta sociedad a cambio de grandes sumas de dinero.

Y que no me vengan con la vaina, de que los mencione por sus nombres, que identifique quienes son, que diga a quienes me refiero,  porque aquí todos nos  conocemos y sabemos cómo se llaman.

Lamentablemente  en este país la decencia, la preparación  y la profesionalidad en el ejercicio del periodismo ya no es el atractivo fundamental para entrar y permanecer en los medios de comunicación.

Ya aquí en esta media isla insular lo importante   es la capacidad de chantaje, el conocimiento de algunas debilidades de la vida personal de alguna figura política y económica importante para desde la comunicación negociar eso como una pura mercancía. Es un descarado aprovechamiento económico o por el silencio o la palabra lo que hay.

Es más, este comportamiento oprobioso en la comunicación está tan presente,  que hay algunos administradores  y jefes de programación de canales de televisión importantes que están prefiriendo este tipo de ejercicio periodístico  despreciable para rentarle sus espacios. Miren que vaina!!.

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