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La atmósfera social convulsa

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EL AUTOR es periodista, magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.

Con la pesada y prolongada deuda social acumulada que descansa sobre los hombros de la República Dominicana desde hace décadas, los que tienen la responsabilidad de accionar en ámbito político y social  deben  de manejarse con mucho tacto para no generar una situación inmanejable que nos  conduzca a lo desconocido.

Es innegable que en el actual contexto histórico y político que vive la sociedad dominicana  y el mundo  en donde cada vez  los niveles de desigualdad son más  acentuados,  la actitud de los gobernantes y gobernados  debe ser de prudencia, ecuanimidad y sentido común.

Esto lo digo  porque   aquí no veo eso de parte de los actores y sectores que interactúan en el escenario político y social de la República Dominicana situación que hace  traslucir  entonces  una  sensación de que esto  está a punto de estallar.

Las demandas sociales  son interminables, los reclamos no terminan, la presión social y ciudadana no dan tregua y las calles cada día que pasa se tornan más hostiles y peligrosas para los dominicanos de trabajo.

El  ánimo está alterado y cada día toma  más velocidad,  algunos personajes están iracundos, con discurso agresivo e irracional,  como si su intención final fuera llevar a este pobre pueblo a un callejón sin salida,  a una zozobra permanente inmerecida.

Vamos estar claro,  esta media isla no merece esto,  con este comportamiento se está de alguna manera induciendo de forma  consciente o inconsciente a generar un elemento perturbador  que pudiera dar al traste con  la pérdida de la institucionalidad y el control social. ¿Alguien quiere eso?.

Ya basta de canallada, este país lo que necesita es trabajo, innovación, creatividad, seguir generando oportunidades para todos  y esto solo se logra si mantenemos  el  crecimiento sostenible y la estabilidad económica, de otra manera no vamos  a reducir la desigualdad, no vamos para ningún lado.

Quiero que quede claro, que no estoy llamando a una pasividad absurda a los actores sociales y políticos que se movilizan y reclaman dentro las normas establecidas, Dios me libre,  a lo que me refiero es que se actué con sensatez en medio de este contexto nacional e  internacional  tan convulso y  en constante cambio. Más nada.

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